¿Influye nuestro estado de ánimo en nuestro peso?

En la era digital donde los bulos y las falsas noticias virales se propagan por la red sin que parezca que exista un mañana, no es de extrañar que diferentes personas se hagan preguntas como la que da título a esta publicación.

¿Y tú que crees? ¿Influye o no nuestra felicidad o tristeza en la pérdida o aumento de peso?

Pues con el fin de intentar dar respuesta a estas preguntas sobre la obesidad que venimos respondiendo en nuestro blog, en esta ocasión partiremos de diferentes conceptos básicos recopilados para que de una vez por todas puedes deducir por ti misma si dependiendo del estado de ánimo, una persona puede llegar a ganar o perder peso y es que si ya de por sí cualquiera de las dos afirmaciones suspicia sus dudas, leer en otros portales que tanto si estás triste como alegre engorda, nos ha descolocado.

Por todo ello, permanece atenta a la pantalla porque nos hemos decidido a investigar sobre este asunto a fondo y estas son nuestras conclusiones y la de expertos nutricionistas a los que hemos consultado.

Estar triste no engorda

Quién no ha visto una película americana donde la protagonista después de un encuentro de desamor, se ve desolada y la ansiedad fruto de su tristeza, le hace comer tabletas de chocolate sin parar.

El caso es que existen diferentes motivos por los que una persona puede estar triste y meter todos en un mismo estado anímico a la ganancia de peso, es algo muy arriesgado que ningún nutricionista se ha comprometido a afirmar a esta publicación.

Ante una tristeza puntual como el enfado con una amiga o con un novio, puede entrarnos apetito y devorar lo primero que encontremos. Sin embargo, estando también tristes como en el caso del fallecimiento de una persona, el hambre desaparece por completo.

Como ves, dos casos que provocan estar tristes,  pero con uno dan ganas de comer y otro elimina el apetito.

Estar feliz no engorda

Se piensa que, por lo general, aquellas personas más felices son las que no tienen preocupaciones ni problemas económicos, ya que se le hace la vida más fácil.

Por ello, la falta del ajetreo diario o del estrés cotidiano de la gran ciudad junto a la jornada laboral, hace que dispongan de más tiempo y coman con mayor tranquilidad, saboreando y pudiendo repetir sin problemas ante uno de los mayores placeres de la vida, como es el comer.

Esto no quiere decir que ser feliz engorde, sino que dependiendo de los hábitos que llevemos a cabo en nuestro día a día, harán que ganemos más o menos kilos.

Por tanto, una vez leída esta publicación, no dudes en afirmar siempre que te lo pregunten, qué estar triste o alegre de por sí no engorda, sino que son los diferentes hábitos que podamos llegar a seguir dependiendo del estado de ánimo y sobre todo de la situación que los provoque.

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